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¿Qué es la amenorrea hipotalámica funcional? Lo que toda deportista debería saber

Por Celia Morán Saras · Julio 2026 · Lectura: ~8 min
Contenido divulgativo. Este artículo tiene fines exclusivamente educativos y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento por parte de un profesional médico o sanitario cualificado. Leer aviso completo →

Llevas semanas sin menstruar. O quizá tu ciclo se ha ido alargando poco a poco —de 28 días a 35, luego a más— hasta que simplemente ha desaparecido. Has entrenado más que nunca, has cuidado lo que comes, y aun así algo no cuadra. Si te suena familiar, puede que estés ante un caso de amenorrea hipotalámica funcional (AHF).

No es una condición rara. Ni exclusiva de atletas de élite. Es frecuente en mujeres activas que, desde fuera, parecen llevar una vida completamente saludable.

En este artículo quiero explicarte qué es exactamente, por qué ocurre y qué significa para tu salud. Porque la menstruación no es solo un tema reproductivo: es una señal de que tu cuerpo tiene energía suficiente para funcionar bien. Cuando desaparece, algo merece atención.


¿Qué significa exactamente "amenorrea hipotalámica funcional"?

Vamos por partes. Amenorrea significa ausencia de menstruación. Hablamos de amenorrea secundaria cuando una mujer que ya tenía ciclos regulares deja de menstruar durante tres meses o más, sin estar embarazada ni en menopausia.

Hipotalámica señala dónde está el origen del problema: en el hipotálamo, una zona pequeña del cerebro que actúa como director de orquesta de tu sistema hormonal. Y funcional es quizás la palabra más importante: indica que no hay ninguna lesión, ningún tumor, nada roto. El hipotálamo está estructuralmente sano. Simplemente ha tomado la decisión —de forma adaptativa— de frenar la función reproductiva.

Dicho de otra forma: la AHF no es un fallo del cuerpo. Es una respuesta del cuerpo (Gordon et al., 2017). Y eso, aunque suene sutil, cambia mucho cómo hay que enfocarlo.


Cómo funciona el eje hormonal que controla el ciclo

Para que lo que explico más adelante tenga sentido, necesitas entender brevemente cómo funciona el eje hipotálamo–hipófisis–ovárico (HPO). No te preocupes, lo hago rápido:

  1. El hipotálamo manda pulsos de una hormona llamada GnRH (hormona liberadora de gonadotropinas).
  2. Esa señal llega a la hipófisis, que responde produciendo LH y FSH.
  3. LH y FSH viajan a los ovarios, estimulan el desarrollo de los folículos, la ovulación y la producción de estrógenos y progesterona.
  4. Son esos estrógenos los que preparan el endometrio cada mes y provocan la menstruación si no hay fecundación.

Cuando el hipotálamo reduce la secreción de GnRH, toda la cadena se interrumpe. Los niveles de LH y FSH caen, los ovarios se quedan sin estímulo, el estradiol baja drásticamente, y la menstruación desaparece (Loucks & Thuma, 2003).

Es un sistema en cascada. Y basta con tocar el primer eslabón para que todo lo demás se detenga.


¿Por qué decide hacer eso el hipotálamo?

Porque es muy listo. El hipotálamo es sensible al contexto energético, físico y emocional del cuerpo. Cuando detecta que los recursos disponibles son escasos, establece prioridades: primero la supervivencia, luego la reproducción. Y la reproducción es costosa desde el punto de vista energético. Así que, en situación de déficit, la apaga.

Los tres factores que más frecuentemente activan esta supresión son:

1. Baja disponibilidad energética (LEA)

Es la causa más documentada, y la más frecuente en deportistas. Ocurre cuando la energía que ingieres no cubre el gasto del ejercicio más el metabolismo basal. Cuando la disponibilidad energética cae por debajo de 30 kcal por kg de masa magra al día, la pulsatilidad de LH se altera y la ovulación se compromete (Loucks & Thuma, 2003).

Y ojo: esto puede pasar sin que hayas hecho ninguna dieta restrictiva consciente. En mujeres con alta carga de entrenamiento, el gasto puede superar fácilmente a la ingesta si no se ajusta la alimentación de forma activa. Muchas deportistas con AHF piensan que comen bien. Y quizás coman bien para una persona sedentaria, pero no para el nivel de exigencia que tienen.

Hay un mecanismo que explica esto con mucha precisión: el papel de la leptina. Es una hormona que produce el tejido graso y que actúa como mensajera: le dice al hipotálamo cuánta energía tienen las reservas del cuerpo. Cuando la masa grasa cae por debajo de cierto umbral, la leptina también cae, y el hipotálamo interpreta esa señal como escasez severa, suprimiendo la secreción de GnRH aunque la ingesta calórica diaria parezca razonable (Welt et al., 2004). Esto explica por qué algunas deportistas necesitan no solo comer más, sino también recuperar cierta cantidad de grasa corporal para que el ciclo vuelva.

2. Estrés físico elevado

Entrenar mucho con poca energía activa el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HPA), que es el sistema del estrés. Eso eleva el cortisol. Y el cortisol tiene un efecto supresor directo sobre la secreción de GnRH (Gordon et al., 2017). Es otro círculo vicioso: el déficit energético estresa el cuerpo, el estrés suprime el ciclo, y el ciclo que no vuelve a veces lleva a entrenar más para "compensar".

3. Estrés psicológico

La presión por rendir, la ansiedad con el peso o la composición corporal, el perfeccionismo... todos estos factores influyen de forma directa en el sistema hormonal. No son "cosas de la cabeza" que no tengan consecuencias físicas. La mente y el eje reproductivo están muy conectados, y la ciencia lo ha demostrado ampliamente (Mountjoy et al., 2023).


¿Quién tiene más riesgo?

La AHF no es exclusiva de atletas de élite. Es frecuente en mujeres que:

El triatlón y otras disciplinas de resistencia combinan un gasto energético muy elevado con una cultura deportiva que, en ocasiones, todavía glorifica la delgadez. Eso aumenta el riesgo (Burke et al., 2018).


Señales que deberían hacerte sospechar

La ausencia de menstruación es la más visible. Pero la AHF casi nunca aparece sola. Otros signos frecuentes:

Estos síntomas forman parte del espectro del síndrome REDs (Relative Energy Deficiency in Sport), que el Comité Olímpico Internacional reconoce como una de las principales amenazas a la salud de las deportistas (Mountjoy et al., 2023).


Antes del diagnóstico: qué hay que descartar

Algo importante: la AHF es un diagnóstico de exclusión. Eso significa que primero hay que descartar otras causas de amenorrea secundaria, porque algunas tienen tratamientos completamente distintos (Gordon et al., 2017):

Ninguno de estos diagnósticos puede descartarse solo por el hecho de que hagas deporte o tengas estrés. La valoración médica completa, con analítica hormonal y ecografía si procede, es imprescindible.


¿Es grave? ¿Tiene solución?

La buena noticia: la AHF es reversible. No hay lesión estructural. Si se identifica la causa y se interviene, el ciclo puede recuperarse.

Pero no hay que subestimarla. Mientras la supresión estrogénica persiste:

Cuanto antes se detecte y se aborde, mejor es el pronóstico (De Souza et al., 2019). El tiempo importa aquí.


La menstruación como marcador de salud

Uno de los cambios más importantes que ha dado la medicina del deporte en los últimos años es entender que la menstruación no es un inconveniente del deporte femenino: es un signo vital. Que esté presente y sea regular indica que el cuerpo dispone de energía suficiente para todas sus funciones. Cuando desaparece, es una señal de alarma.

Perder el ciclo no es una adaptación al entrenamiento. No es normal. No es el precio que hay que pagar por rendir.

Sangrado no es lo mismo que ovulación

Este es un punto que me parece fundamental y que suele pasarse por alto: tener sangrado mensual no garantiza que estés ovulando. En la zona de baja disponibilidad energética subclínica —entre 30 y 45 kcal/kg de masa magra al día— es frecuente que existan ciclos anovulatorios: hay sangrado, pero no hay liberación de óvulo ni producción de progesterona. Eso significa que la protección hormonal sobre el hueso, el corazón y el bienestar general está comprometida, incluso con ciclos "aparentemente normales". La única forma de confirmarlo es monitorizar la temperatura basal o usar tests de ovulación (De Souza et al., 2019).

Si te reconoces en lo que describe este artículo, el siguiente paso es consultar con un equipo que pueda valorar tu disponibilidad energética, tu perfil hormonal y tu plan de entrenamiento de forma conjunta. No por separado, sino todo a la vez.

Siguiente: Artículo 2 → Señales de alarma: cómo saber si tienes baja disponibilidad energética (REDs)

Si ya tienes diagnóstico, próximamente el artículo 3 (entrenamiento) y el artículo 4 (nutrición) te indicarán cómo actuar.

Referencias bibliográficas

De Souza, M. J., Koltun, K. J., & Williams, N. I. (2019). The role of energy availability in reproductive function in exercising women. Human Reproduction Update, 25(5), 548–567. https://doi.org/10.1093/humupd/dmz014

Burke, L. M., Lundy, B., Fahrenholtz, I. L., & Melin, A. K. (2018). Pitfalls of conducting and interpreting estimates of energy availability in free-living athletes. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, 28(4), 350–363. https://doi.org/10.1123/ijsnem.2018-0142

Gordon, C. M., Ackerman, K. E., Berga, S. L., et al. (2017). Functional Hypothalamic Amenorrhea: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 102(5), 1413–1439. https://doi.org/10.1210/jc.2017-00131

Loucks, A. B., & Thuma, J. R. (2003). Luteinizing hormone pulsatility is disrupted at a threshold of energy availability in regularly menstruating women. Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 88(1), 297–311. https://doi.org/10.1210/jc.2002-020369

Mountjoy, M., Sundgot-Borgen, J., Burke, L. M., et al. (2023). IOC consensus statement on Relative Energy Deficiency in Sport (REDs): 2023 update. British Journal of Sports Medicine, 57(17), 1073–1089. https://doi.org/10.1136/bjsports-2023-107918

Tenforde, A. S., Sayres, L. C., McCurdy, M. L., Sainani, K. L., & Fredericson, M. (2016). Bone stress injuries in female athletes. Annals of Joint, 1, 1–9. https://doi.org/10.21037/aoj.2016.05.03

Welt, C. K., Chan, J. L., Bullen, J., Murphy, R., Smith, P., DePaoli, A. M., & Mantzoros, C. S. (2004). Recombinant human leptin in women with hypothalamic amenorrhea. New England Journal of Medicine, 351(10), 987–997. https://doi.org/10.1056/NEJMoa040388

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